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El uso de las hierbas se remonta a la Antigüedad. En la Prehistoria, los
hombres las utilizaban para aderezar la carne de los animales que cazaban y a su
vez, para ritos simbólicos. En bebidas, como amuletos y como ofrenda a los
dioses.
Sabemos que cada hierba tiene una vibración especial a nivel energético que la
hace diferente a cualquier otra. Los árboles, arbustos, plantas aromáticas y las
flores pueden usarse como material para rituales mágicos. Y en la Wicca se
pueden utilizar tanto frescas como secas.
A pesar del paso del tiempo, las propiedades curativas de las hierbas
medicinales no han cambiado. Las plantas que curaban hace cinco mil años atrás
siguen conservando su poder. En aquellos tiempos, brujas y médicos debían
conocer cada una de ellas, saber distinguirlas y administrarlas. La gente acudía
a ellos para remediar sus males y, en consecuencia, quien conocía en profundidad
el mundo de las hierbas, poseía un poder sanador sin igual. En muchas partes del
mundo y en diferentes épocas, existieron sanadores que dedicaron toda su vida a
estudiarlas, a trabajar con ellas y a respetarlas. Sus vidas transcurrían en los
bosques elaborando medicinas. Todo su saber era recogido para que evitar que se
perdiera y así ha llegado hasta nuestros días.
Como dice Rangonni, en su manual wicca sobre las hierbas: “ La magia que deriva
de la Diosa consiste especialmente en obtener poder y energía de lo que
encontramos en la naturaleza, para luego utilizarlos con un fín específico.
Desde hace siglos, las hierbas son una fuente privilegiada, ya que son
emanaciones directas del cuerpo de la Diosa”.
Quiero hacer hincapié en que no debemos olvidar que si esa sabiduría nos ha
llegado a través del tiempo es debido a vidas sacrificadas de mujeres y hombres
cuyos nombres no sabremos jamás. Gran parte de ese reconocimiento debería ser
para las brujas y herbolarias que fueron las que empezaron el trabajo de
aprendizaje y conocimiento de las hierbas y sus cualidades. La aparición de los
doctores en medicina (hombres solamente ya que, hasta muy recientemente, la
mujer no podía acceder a dichos estudios), apoyados institucionalmente, les
restó ese reconocimiento y aquellos se aprovecharon de la situación. La
Inquisición y la quema de brujas hicieron el resto.
Muchas de las medicinas que usamos en la actualidad deben su existencia a
hierbas, plantas y árboles. La industria farmacéutica, que es uno de los
sectores más beneficiosos que existen (especialmente en Estados Unidos),
sintetiza los productos naturales porque no pueden patentar las substancias que
se encuentran en las hierbas, las cuales nos pertenecen a todos. A menudo, crean
meras copias de esas sustancias para sacar provecho económico. Y si esas copias
crean efectos secundarios, se abre el camino para inventar medicamentos que los
contrarresten.
Por todo ello, debemos ser responsables de nuestra propia salud y encontrar las
alternativas naturales que suelen ser más beneficiosas si nos tomamos el tiempo
de aprender, investigar y comprender la naturaleza de nuestras dolencias y las
sustancias que nos pueden curar.
Evidentemente, es recomendable buscar la ayuda de un profesional de la salud,
cuya especialidad sean las hierbas, y ayudarse con lecturas sin despreciar el
sentido común. La utilización de hierbas no debe sustituir el consejo de la
medicina tradicional en ningún caso. Sugiero que busquemos la apropiada
combinación entre la medicina natural y la medicina oficial.
Volviendo a su uso mágico Wicca, toda bruja debería, en la medida de lo posible,
poseer un jardín de hierbas para poder llevar a cabo rituales, amuletos, aceites
aromáticos, tés, preparados para baños, etc.
Las hierbas, como los seres humanos, están regidas por un planeta y un elemento.
Es lo que llamamos correspondencia herbal y es importante para llevar a cabo un
hechizo de magia.
Es realmente interesante poder plantar una misma las semillas y cuidar de las
plantas porque nuestras propias energias se mezclan con las de las hierbas. Como
si tomaran nuestra aura, por decirlo de alguna manera. Muchos maestros lo
recomiendan aunque sea en un balcón o terraza, aunque a veces esto no es fácil
de llevar a cabo.
De hecho, las hierbas deben estar situadas dentro de unas “fronteras” como el
altar, un círculo mágico, un rincón especial de tu casa para definir un
territorio en el que trabajar tu magia. Recuerda usarlas también para darle ese
punto de sabor a tus platos. Tienen un sabor estupendo y efectos benéficos para
nuestra salud.
Las plantas, aún las llamadas “malas hierbas”, deben ser respetadas. No existen
las malas hierbas, de hecho. Por ejemplo, se dice que el diente de león es una
mala hierba porque crece fácilmente en cualquier lugar, y sin embargo, tiene
interesantes propiedades curativas.
Por tanto, primero, procederemos a seleccionar las plantas que queremos
cultivar. Mentalmente, iremos diseñando nuestro jardín que tendrá una forma de
laberinto porque el círculo del cual partirá, es un símbolo de fecundidad,
reencarnación y eternidad. Podemos ser más imaginativas y crear un jardín con
una forma que nos guste como la luna, una estrella, etc. O algún símbolo o forma
que nos atraiga o con el que nos sintamos en armonía. Aparte del sentido de la
estética, de lo que se trata, primordialmente, es de lograr un jardín en el que
podamos invocar las fuerzas que necesitamos que habiten en él para que las
plantas tengan un poder mágico.
En el caso de que nos decidamos por la forma circular, rodearemos el jardín con
una gruesa cuerda y ataremos sus extremos para que el círculo quede sellado.
Aparte, con una brújula marcaremos los puntos cardinales, señalando el Norte con
un guijarro más grande (en cada punto cardinal pondremos un guijarro o una
señal). Hay brujas que trabajan con el Este como referencia. En ese caso, ese
sería el punto cardinal más importante.
La noche del día en que hayamos construído nuestro pequeño vergel, colocaremos
velas, siempre fuera del círculo pero cerca de él, clavadas en la tierra.
Podemos también usar lamparillas o linternas si el tiempo no es propicio. Lo
haremos siguiendo el sentido de las agujas del reloj. Con nuestro athame, desde
el centro del círculo, mirando al Norte y alzando los brazos, invocaremos a los
cuatro elementos para que bendigan el jardín. Después de haber llamado a los
poderes de los cuatro puntos cardinales, volveremos a situarnos mirando hacia el
Norte. Entonces, trazaremos con el athame , el pentagrama dentro del círculo.
Después, en la parte media del pentagrama, dibujaremos un circulo encarado al
Norte, dos segmentos de círculo que representen a la Luna Creciente, uno al Este
y otro al Oeste, y entre los dos, un triángulo cuyo vértice superior apunte al
Sur.
Posteriormente, nos sentaremos y nos relajaremos. Muy concentrados en este
ritual, contaremos hasta nueve latidos de nuestro corazón. En ese instante,
nuestro jardín quedará bendecido.
Apagaremos las velas (sin soplar), desde el Norte y en el sentido de las agujas
del reloj. Con nuestro athame cortaremos una rama de abedul o fresno. En caso de
que no hubiera ninguno cerca, cualquier árbol nos valdría. Antes de cortar la
rama, pediremos permiso al árbol y le explicaremos, con mucho respeto, porqué
necesitamos de su ayuda. Sabemos que cada vez que se toma alguna cosa de la
Naturaleza, debemos dar a cambio alguna cosa. Se entiende como un intercambio
equitativo. Se puede dejar pan, una moneda, un cristal, una oración, una poesía,
un dibujo…Lo enterraremos bajo su copa, cerca del árbol.
Una escoba también puede servirnos pero sería mejor que usásemos una hecha o
preparada para este rito. Desde el Norte, fuera del círculo, barreremos los
símbolos. Siempre en sentido de las agujas del reloj y rodeando el círculo.
Recogeremos la cuerda y las velas y los pondremos a buen recaudo. Abandonaremos
el lugar. A la mañana siguiente, podrás observar que todavía quedan restos de
los símbolos que dibujaste o, a veces, algunos diferentes. En una copa pondremos
un poco de sidra y desde el mismo centro del jardín, empaparemos la tierra. Esta
bebida prepara la tierra para ser plantada.
Durante tres días, el jardín no deberá ser pisado. No dejaremos que los animales
se acerquen ni que los humanos lo pisoteen. La tierra bendecida atraerá a los
animales por su buena vibración y, en consecuencia, vigilaremos a nuestras
mascotas durante ese tiempo. Al cuarto día, plantaremos.
Beltane es la época más propicia para crear el jardín porque es la fiesta del
despertar de la Tierra, cuando el Dios es joven y fecunda a la a la Diosa. Fruto
de su amor y de su virilidad y feminidad, la Tierra renace.
Así pues, pensaremos en aquellas hierbas que usamos en nuestros rituales,
principalmente. Y las regaremos, estaremos pendientes de hongos u otras plagas.
Vamos a dedicarles nuestro tiempo y un poco de mimo. Procuraremos regar las
plantas con agua de lluvia o en su caso, con agua mineral. Hablaremos a las
semillas y a las plantas y visualizaremos cómo será nuestro jardín porque tal y
cómo lo imaginemos, lo obtendremos. Nosotros construímos, con nuestras
proyecciones y pensamientos, nuestro mundo.
Cuando las hierbas hayan crecido y estén sanas y robustas, con abundante
follaje, cosecharemos. Cuando deshojemos, pondremos una parte de las hojas a
secar pero no dejaremos la planta desnuda.
Para ahuyentar los insectos, una noche de Luna Llena en Géminis, Virgo, Acuario
o Leo , rodearemos las plantitas con cayena. El olor de la ruda también los
mantiene a distancia y, en última instancia, siempre podemos hacernos con un
insecticida orgánico.
En relación a las babosas, en Luna Nueva, enterraremos un muñeco pequeño con su
aspecto en un lado del jardín y desaparecerán.
Una buena idea sería hablar con estos pequeños animales e invitarles a marcharse
amablemente o bien hacer el jardín un poco más grande, plantar más cantidad de
hierbas y compartirlas con ellos. Haz lo que el instinto te diga. Pero, como
norma principal, jamás utilizaremos veneno.
Como brujas podemos proteger nuestro jardín tal y como cuenta una antigua
tradición. Colocaremos tres plantas que den flores rojas vigilándolo.
En invierno, cubriremos el jardín con una capa de hojas y paja para evitar que
las heladas maten las hierbas. Vigilaremos que el tiempo sea ya crudo porque
sino, algún roedor podría encontrar una cálida y fantástica casa en ese manto y
nos quedaríamos sin plantas.
Cualquier poda se hará en Luna menguante siguiendo el sentido de las agujas del
reloj.
Una vez al mes, mejor en Luna Llena, camina por fuera del jardín y dibuja un
círculo alrededor de cada planta con el athame. Asegúrate de que el círculo
quede perfectamente cerrado. Lo dibujaremos en el sentido de las agujas del
reloj. Esto ayuda a conservar los poderes dentro de las hojas y raíces.
Puede ocurrir que no dispongamos de un espacio para cultivar nuestras flores por
mil razones diferentes. En ese caso, podemos cuidar de una sola planta que nos
guste o precisemos o bien, cultivar un jardín interior. Usaremos tiestos de
cerámica, intentaremos que les toque el sol, con exposiciones breves que iremos
alargando y las mojaremos delicadamente una vez por semana, en el atardecer o
muy temprano, cuando el sol todavía no ha despuntado.
Cuando procedamos a cortar sus hojas, podemos decir una pequeña oración de
agradecimiento y no abusaremos. Cortaremos aquello que necesitemos, solamente.
En la base de la hierba dejaremos un poco de vino, leche, comida, cereales,
cuarzos. Una ofrenda de agradecimiento por el servicio que nos prestan.
Las herboristerías también pueden ser nuestras aliadas. Muchos comerciantes
venden hierbas que proceden de cultivos ecológicos. Es interesante contar con un
herborista de confianza, tanto para conseguir semillas como para profundizar en
las propiedades de las plantas.
Algunas plantas no requieren especiales cuidados como el romero, la salvia, la
menta, la lavanda, la albahaca. Lo ideal sería documentarse debidamente para
saber las necesidades específicas de cada planta, sus características, la
distancia que debe guardar con otras plantas con las que no se lleva bien, entre
otras cosas. Por ejemplo, la albahaca debe cuidarse a solas, mientras que la
menta y el perejil combinan bien juntos, etc. Al principio hay que experimentar
con plantas conocidas. Además, una buena tarea es la observación. Respetaremos
el entorno natural y, por tanto, plantaremos hierbas que se adecuen al clima y
la geografía donde vivamos. Sólo así podrán desprender sus vibraciones. Sólo así
podrán utilizarse para la magia.
Podríamos decir que las hierbas fundamentales son acebo, artemisa, hierba de San
Juan, menta, pino, lavanda, romero, rosa y salvia. Esa sería la “farmacia” o
herbario de una bruja.
En definitiva un jardín mágico es un punto donde la energía fluye y las plantas,
como seres vivos, crecen y se desarrollan.
En cuanto al secado, es un trabajo fácil. Las hojas serán cortadas con tijeras y
las recogeremos en manojos atándolas con una cuerda y dejándolas secar al aire
en un día atemperado. Si hay humedad en el ambiente, el secado lo haremos en el
interior de la casa para evitar el moho.
Otra manera de proceder al secado es disponerlas dentro de una pequeña bolsa de
papel para que, al secarse, no perdamos ninguna hoja y colgarlas con pinzas.
Nunca lo haremos bajo los rayos directos del sol.
Una tercera opción sería recoger las hojas y colocarlas entre dos capas de papel
de cocina liso dentro de unas hojas de papel de periódico y, todo ello, entre
dos cartones. Iremos cambiando, cada cierto tiempo, tanto unos como otros
papeles y, encima, colocaremos un peso para que no se arruguen. Este tipo de
secado es esencial para conseguir unas bellas flores secas.
Una vez secas las hierbas, las desmenuzaremos con un molinillo o a mano. Hay
brujas que las desmigajan hasta convertirlas en polvo mientras que otras,
prefieren obtener trocitos más grandes. En todo caso, guardaremos las hierbas en
tarritos o frascos pequeños. Su textura, color y poder se mantendrán intactos a
lo largo del tiempo.
Esas hierbas, ya preparadas, se aprovecharán para reforzar un ritual, untar
velas, hacer saquitos, protecciones, usarlas en vaporizaciones, en ritos de
purificación y un sinfín de usos más.
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